"Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas... Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar... ahora simplemente duermo para soñar".


Walt Disney

 
























Shaolin, Shaolin, Shaolin…

El monasterio de Shaolin, que significa Monasterio del bosque joven, fue quien hace dos años acobijo a Laoshi Pablo Pérez sobre colchones de nieve de sus amaneceres danzantes, en sus atardeceres fríos.

Ubicado en la Provincia de Henan, se encuentra El Monasterio de Shaolin, en el Templo de Da Shifu Shi Yong Kan 33º generación de Maestros Lohan del Templo Shaolin, quien Laoshi Pablo Pérez, tuvo el honor de conocer y vivir en su escuela, con el grupo el cual viajaron junto al Maestro Daniel Bogado y compañeros de Kung fu.

Los días eran fríos y los entrenamientos muy duros, amanecía en Shaolin bajo su cielo gris y el aire frío en el rostro invitaba a que antes de salir el sol, comenzara con la práctica del cuerpo y el alma de los guerreros de Shaolin. Con gran respeto, constancia y dedicación, se unían al grupo de Monjes para comenzar el día entrenando arduamente, luego venia un desayuno caliente para mitigar el frío que traspasaba la piel.
Las melodías que los monjes del templo de Shaolin suelen poner para acompañar cada desayuno, cada comida, era el acompañamiento ideal, para dejar el Alma serena en esos momentos.
Paz se inhalaba en cada acorde de esas visiones de gente y paisajes de desnudos árboles, de blancas montañas, del sol naciente que humildemente dejaba mostrar algunos rayos de luz para abrigar aquellos cuerpos fríos…
Gritos del Espíritu al unísono, marcaban cada entrenamiento, fervor que venía desde las entrañas de las tierras de Shaolin, aplicaban los guerreros del kungfu y nada se comparaba con esos momentos porque el Alma de la Esencia de kungfu, estaba en ese lugar, se respiraba, se escuchaba, se observara por donde la vista se instalara, ahí estaba, latente en cada despertar, en cada sueño…

El Espíritu de Laoshi Pablo Pérez se colmó de todo esos regalos los cuales aún quedan guardados en su interior, llegando a solidificarse siendo parte de su Alma. Algunas cosas quiso que fuesen solo suyas, para atesorar en su Templo interno como el mayor tesoro obtenido en su vida, para en su momento, entregarlos a quienes sean humildes de corazón, otros supo compartirlos, en palabras, en actos.

Lo que se siente en Henan, en Shaolin, sólo se siente estando en ese lugar, al pie de las montañas entrenando con devoción, al lado de los Monjes, al lado del Shifu Shi Yong Kan aún en compañía de la guerrera noche…
Ser Aire, Fuego, Madera, Metal y Tierra hasta unir todos los elementos en el Espíritu, solo es posible en el Templo de Shaolin.

En abril de este año 2012 , Laoshi Pablo Pérez, junto al Shifu Daniel Bogado, la Maestra de Tai Ji Ana Wu de Argentina Y 20 alumnos de la escuela Shaolin Chuan de Uruguay, viajan nuevamente a China, siendo un grupo de 10 personas que se quedarán en la escuela del TEMPLO SHAOLIN y el resto junto a la Maestra Ana Wu practicaran Tai Ji en la Ciudad de Fuzhóu, en la capital de la Provincia de Fujian. Al finalizar en Shaolin el entrenamiento, este grupo partiría, para unirse en el aprendizaje de Tai ji con los Maestros Ana Wu y los Maestros de Tai Ji, residentes de Fuzhóu.


Para Laoshi Pablo Pérez, el desafío nuevamente será entre su Espíritu y su cuerpo, para aplicar lo aprendido y volver a recibir las enseñanzas de la Tïerra de Shaolin, esperando los secretos que esta vez, tiene que decirle, para llevarse consigo esos nuevos desafíos que quiere encontrar para fortalecer su Espíritu, Mente y Cuerpo.

Desde su humilde corazón con la fuerza del guerrero Dragón, Laoshi Pablo Pérez, agradece a China, Henan, a la Tierra, al Cielo, a los Budas Santos y a los Laoshi y Shi fu de Shaolin que hicieron posible crecer como SER en aquel momento y les da las Gracias por la posibilidad de nuevamente sentirse parte de los Elementos, para continuar en su propia búsqueda y aprendizaje.
Que así sea
Amén
Amitofo

Sol Villafán